sábado, 30 de mayo de 2009

El suicidio: ¿evitar el absurdo?


Rafael Espino Guzmán


Para los seres humanos existe sólo un problema serio, es el de “juzgar si la vida vale o no la pena de ser vivida”, decía Albert Camus. Ahora bien, ¿tendra algún sentido estar luchando contra una realidad absurda? ¿Vivir en medio del sufrimiento, las injusticias, la negatividad de la vida? ¿Sobrevivir? ¿Para qué?

“La vida no vale nada”, decía el cantante José Alfredo Jiménez al confrontarse con un mundo lleno de dichas y desdichas. Pero, ¿acaso el valor de nuestra vida depende tan sólo de la realidad que nos circunda? Definitivamente no es esí. Y es que precisamente nuestra única tarea en la vida es dignificar nuestro llamado a la existencia. La vida es el encuentro, es la relación entre mi persona y el mundo, mi respuesta y compromiso ante lo otro. Mi vida no depende sólo de las condiciones externas, depende, incluso en mayor medida, del ejercicio de mi libertad en el compromiso. Y esto se contrapone con aquellos que piensan que el suicidio es la solución a algo que no parece tener salida; contra aquellos que justifican el suicidio como el ejercicio de la libertad, cuando ni siquiera son capaces de abrazar su condición de libres y lograr modificar su forma de existencia y su realidad.

“La vida merece la pena de ser vivida”. Ese es el transfondo del mito de Sísifo que expone Camus: empujar una piedra cuesta arriba por una ladera empinada, sabiendo que una vez en la cima rodará de nuevo hacia abajo, manifiesta la condición futil y perecedera del hombre, pero al mismo tiempo manifiesta el gran poder que tiene para enfrentarse a su condición de mortal. Su trascendencia la obtiene en ese mismo afán de lucha por salvaguardar su valor de existencia.

Sísifo le enseña a los dioses que, a pesar de su condena, obtiene la dicha. Él no se abandona a las condiciones que se le imponen, por el contrario, hace de ellas el medio para obtener su gloria.

De allí que el suicidio sea lo más vergonzoso de un ser cuya esencia sea la libertad; el silencio atroz ante el llamado a la existencia; la degradación de la conciencia; el acto más vacío de sentido que un ser humano llegue a realizar...Los que se suicidan evitando una realidad absurda no hacen más que volver más absurdo aquello que trataron evitar.

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