sábado, 30 de enero de 2010

No soy yo

Por: Rafael Espino Guzmán

No soy yo, soy otro cuando te miro,
y no es que me deje abandonado en tus ojos,
es mi alma que se empieza a agitar.
Soy ese en el espejo, con un sueño perturbado,
con brazos cubiertos de largos años cansados de esperar.

Te veo como un lucero de mis noches:
limpia, brillante y única en cualquier lugar;
tu mejilla es firmamento enorme
del aquel inconfundible lunar...

Eres tú, sí tú, lo que más he deseado,
y por más que te aspiro, te vuelves cumbre inalcansable,
una estrella vista por un errante al vagar.

Por eso digo que no soy yo,
que soy otro cuando te miro.
Y ese que no soy yo
camina en el mundo sin poderte encontrar

miércoles, 6 de enero de 2010

Lo que nos deja la posmodernidad


Por: Rafael Espino Guzmán
Ciertamente algunos filósofos posmodernos (de especial manera Baudrillard, Lipovetski, Bell y Vattimo) nos han presentado un panorama interesante de algunas de las características más representativas de la posmodernidad.

Entre algunos de los puntos que coinciden estos filósofos destaca el sentido de la despersonalización, del individualismo, del consumismo inmoderado… Todo ello como resultado de la imperancia de los medios de comunicación con vistas a beneficiar a unos cuantos de la sociedad, principalmente a los dueños de medios de producción.

Como bien lo mencionaba Baudrillard, existe una despersonalización y una falta de sentido, somos producto de la globalización, del consumismo, y esto conlleva la muerte del arte y de la carencia de dirección en las vidas de las personas. Se promueve un individualismo que aísla hasta evitar el trato con los demás, ciertamente en algunos casos se excluye la violencia con los otros, pero provoca la reclusión, la destrucción del ser humano. En este sentido la cultura de masas es el mejor conductor del individualismo, los mass media han bloqueado la comunicación que toma partida por la libertad.

Hoy día se proclama el final de las ideologías. La cultura se halla dominada por un principio de modernismo que perturba la vida burguesa y los estilos de vida de la clase media por un hedonismo que ha desmejorado la ética, de la que provenía el cimiento de la sociedad.

El único sentido de la vida en la actualidad se enfoca a los placeres. Esto crea el peligro de una sociedad suicida, de una cultura que se devora a sí misma y que pone en conflicto los valores y las racionalidades. El orden productivo contradice al orden cultural.

Hablamos de la destrucción de aquello que ha sido legitimación del sistema capitalista, que es la producción incesante. Baudrillard menciona que los objetos están hechos para ser vendidos. Está muy atrás la búsqueda de lo necesario o de lo estético. Vivimos atrapados en un mundo irreal, creado por los modismos, los productores y los publicistas.

El signo es el apogeo de la mercancía. La reproducción daña toda la cultura, pues sólo deja el valor de cambio y mata el valor de uso que pueden tener los productos culturales, poniendo fin a lo real e instaurando lo imaginario.

La posmodernidad es el tiempo en que el objeto predomina sobre el sujeto. La fatalidad es el imperio del objeto, pero del objeto ineludible y sin sentido; es por ello el imperio de la trivialidad.

El objeto es ya signo puro, como un cristal. Por eso se nos revela que el yo es solamente simulado. No hay verdad, no hay teoría que pueda ofrecer verdad alguna en este momento. Ya no hay victimarios sino sólo víctimas y cómplices.

El crimen perfecto es dar muerte a la realidad. Después de la muerte de Dios y de la muerte del hombre, impera el objeto. Y después de la muerte del objeto llega la prioridad de lo virtual, su realeza en este mundo agitado y desprovisto de fundamentos de sentido. El nihilismo aparece como paso del valor de uso al valor de cambio; es la pérdida de valores.

Los medios masivos de comunicación son los que construyen la imagen del mundo. Convierten la realidad en fábula. Se vive la fabulación de la realidad como la única posibilidad de libertad, dando la disolución del sujeto.

Hace falta una metafísica que nos desligue de este aparente hoyo negro al que nos está conduciendo la posmodernidad. Es necesario plantear alternativas que estén en miras de un mundo más justo y libre, en el que se logre una cultura de los derechos humanos y de la igualdad…

sábado, 12 de diciembre de 2009

El Evangelio según San Mateo


El Evangelio según San Mateo
Pier Paolo Pasolini
(Bologna, Italia,
1922 – Ostia, Italia, 1975)


Por: Rafael Espino Guzmán


Título original: Il Vangelio secondo Matteo
Director: Pier Paolo Pasolini
Productor: Alfredo Bini
Música: Luis Enrique Bacalov y
Carlo Rustichell
Reparto: Enrique Irazoqui, Susana Pasolini,
Margherista Caruso, Mario Socrate.
País: Italia.
Duración: 137 minutos.
Color: blanco y negro
Género: drama


El autor
Escritor y realizador cinematográfico. Doctor en letras, escribió poesía, novela, ensayo y obra filológica. Se inició en el mundo del cine trabajando como guionista para Mario Soldati.
En sus primeras películas está influido por el neorrealismo. Afiliado al partido comunista desde 1942, del que es expulsado por su homosexualidad. Siguió su propio camino, sin renunciar nunca a l marxismo.
En 1963 rueda el episodio “La Ricotta”, donde por primera vez trata el tema religioso como cineasta. La segunda etapa de Pasolinivine marcada por dos filmespolémicos fundamentales para su obra: “El Evangelio según San Mateo” (1964) y “Pajaritos y pajarracos” (1965) que expresan el pensamiento del director sobre el marxismo, el catolicismo y sus fantasmas personales.
En el siguiente periodo Pasolini se centra de un lado en el análisis de los mitos de la cultura occidental en los filmes “Edipo Rey” (1967) y “Medea” (1969), protagonizada por María Callas y de la sociedad actual en “Teorema” (1968) y “Pocilga” (1969).
Entre 1971-1974 dirige “El Decamerón”, “Los cuentos de Canterbury” y “Las Mil y Una Noches” de un estilo barroco y de gran belleza donde glorifica al placer y la sexualidad.
Su último filme “Saló a los 120 días de Sodoma”, el más controvertido, es una adaptación del relato de Sade, donde se relaciona el fascismo con el sadismo y fue prohibido en algunos países, pero Pasolini no llegó a verlo estrenado pues fue asesinado en la playa de Ostia, cerca de Roma, en noviembre de 1975.

La película
La acción tiene lugar en los años 0 a 2 y 30 a 33 D.de C. aproximadamente, en Belén, Egipto, Nazaret, lago Tiberíades, Jerusalén y alrededores. Se transcriben hechos y palabras de Jesús de Nazaret, según la versión de San Mateo, comprimida y ajustada a un metraje de unas 2 horas aproximadamente.
Es el tercer largo realizado por Pier Paolo Pasolini, basado en el evangelio de San Mateo. Se rodó en exteriores de la región de Basilicata (Potenza y Matera), el volcán Etna (Sicilia) y Viterbo (Lacio) y en los estudios Incir de Paolis (Roma), entre abril y julio de 1964. Nominado a 3 Oscar, obtuivo el Premio Especial de Jurado de Venecia. Se produjo por Alfredo Bini y se estrenó el 04 de septiembre de 1964 en Italia[1].
Tal película explica una historia dramática. Narrada de manera artesanal, imperfecta y sencilla, pero logra dar un grato sabor de autenticidad y espontaneidad.

Aspectos técnicos de la cinta
Personajes: eso es algo muy caracterítico del rodaje, ya que se utilizan actores muy cercanos al Director, tales como su propia madre que interpreta a la anciana Virgen María, o bien la participación de algunos amigos poetas e intelectuales de Pasolini en los roles de los discípulos.
Lo que más dificultad le causó fue encontrar al que representara a Cristo. Buscaba a alguien enérgico, autoritario, obrerista y revolucionario, que fuera fiel al texto de Mateo. Lo encontró por casualidad en un estudiante catalán de 19 años, Enrique Irazoqui, que buscaba entrevistar al cineasta por su libro “Ragazzi di vita”.
Los actores no son profesionales en su mayoría. Sin embargo la expresividad de María y José demuestran la poesía de Pasolini: no hacían falta palabras ni música. Ellos dos nos introducen a la emoción y nos transportan a la vivencia realista de los hechos.
Por parte del protagonista se destaca su ausencia de ajustes a lo tradicional. No usa cabellera larga como las tradicionales, usa cabellos cortos y es de complexión simple en contradicción con las formas atléticas al uso. No habla con el tono de un predicador religioso, sino con la fuerza y el vigor propios de un líder obrerista, ni se muestra altanero.

La fotografía: sería un tema a tratar con especial estudio: así como en otras películas de Pasolini, en el “Evangelio según San Mateo” hay una cierta inspiración en la pintura del siglo XV. Su búsqueda por filmar realismo popular le conduce a tomar elementos de las pinturas del Greco, de Piero della Francesca y en los cuadros bizantinos…
Las principales características que ofrece el film son los primeros planos, primerísimos planos, planos generales de lejanía, encuadres sencillos y barridos descriptivos.Siempre tratando de subrayar la aridez del paisaje, la soledad del personaje, las expresiones tanto despóticas y autoritarias de Herodes o las agraciadas sonrisas de los niños que festejan alrededor de Jesús.

Movimientos de cámara: Muestra detalles, hace movimientos que conducen al sentido de espontaneidad y sobre todo evita el uso del zoom. Las contrapicadas las utiliza para dar realce a la figura de Jesús, de manera especial cuando se encuentra en el monte de las vianaventuranzas: evita tomar en cuenta el público que le escucha y se enfoca a destacar la preponderancia de sus palabras. El uso de las tomas en picada se utilizan para lannzar el mensaje a la muchedumbre y las contrapicadas para proporcionar sentimiento de recepción por parte de quien escucha el mensaje.
Por otra parte utiliza ciertos giros bruscos que dan originalidad y subjetivismo a la película. Los barridos normalmente son en función descriptiva. La mayoría de las figuras aparecen enteras o representadas como medias figuras. El uso de la cámara responde sobre todo a la idea de presentar imágenes que reflejan inspiración en la pintura. “La película en blanco y negro transcurre intercalando estos elementos de manera constante, buscando la plena implicación del espectador”[2].
Usa los travelling para mostrar una panorámica lenta para evitar los signos de la lengua o de la música.

Música: la música es coordinada por C. Rusticelli y L.E. Bacalov. Incluye fragmentos de Bach (“Pasión según S. Mateo”, “Agnus Dei”, 2 conciertos), Prokofiev (“Cantata de Alexander Nevski”), el “Gloria” de la Misa Luba y el espiritual negro “Sometimes I Feel Like Motherless Child”[3], entre otras menos significativas.
La manera de compaginar la ausencia de sonido con el uso de música es escepcional. Primero porque la música la utiliza en momentos muy precisos, allí donde el ambiente exige una melodía para acompañar el suceso. Por otro lado, la ausencia de música es con verdadero motivo, recordemos el inicio de la película –cuando José se aleja triste por la notica del embarazo de María–, no se recurre a ningún fondo, ni a diálogo siquiera. La imagen se encarga de representar el hecho y lo hace de mejor manera con la ausencia de música y sonido, logrando en el expectador el sentimiento de soledad y abandono que se requiere, incluyendo el valor que que se ocupa para introyectar en la película.

El tema central del film
La película trata de una adaptación sobre el Evangelio de Mateo que contiene la Biblia. “Pasolini pretende la figura de un Cristo popular y resistente, con un discurso sin melancolías: ataca a todo aquel que intente ponérsele en el camino de su misión, más como hombre que como una entidad divina”[4].
La intención del director es adaptar el Evangelio para el pueblo, entendido como clase social. Se parte de un contexto y pensamiento del director, marcado por aspectos de comunismo y homosexualidad, que le conducen a cierto revolucionismo, ya sea tanto en el aspecto personal como social.
En el papel de Jesús no se busca representar a un martir, como en la mayoría de las películas de este tipo; se quiere transmitir un mensaje sin importar las consecuencias. Los duros debates de Jesús con el Sanedrín dibujan una personalidad fuerte, llamada a ser el portavoz de la salvación de los hombres. Es un líder que no necesita de la majestuosidad de sus milagros ni de la aprobación del prójimo. Necesita que su mensaje sea escuchado y tomado como la única verdad. Manifiesta una desobediencia civil y revolucionaria.
Se trata de un juego entre lo sacro y lo revolucionario. Aquello que una y otra vez vemos acontecer en la realidad, lo que muchas sociedades padecen a lo largo del devenir histórico. Ya lo decía el mismo Pasolini: “Yo solamente sé esto, que estaba desesperado por la necesidad de ser sincero… en la necesidad de referirme a la actualidad”[5]… El director expresa en la cinta su visión de la historia. No una perspectiva en retroceso sino una demostración de lo ocurrido en el pasado desde un punto de vista actual. Representa el mundo rural del sur de Italia con un mundo pastoral y agrícola feudal de los hebreos; los policías o sistemas represivos del gobierno italiano y otros países más con los soldados romanos durante la predicación de Jesús; las hordas fascistas con los soldados de Herodes antes del exterminio de los santos inocentes; y los prófugos de tantos dramas del mundo moderno con la huída de José y la Virgen.
Es la necesidad de ver el Evangelio con ojos de la actualidad y ser fiel al mismo tiempo al texto original y la figura de Jesús. El director busca sobre todo mostrarnos un mundo análogo.


¿Cómo es que un ateo, marxista y homosexual ruede una película católica?
Aunque nos parezca extraño, Pasolini tenía estas tres características. Se sabe incluso que su opción y posicón homosexual le causó que le despidieran de los grupos comunistas y que, según se piensa, fuera una posible causa de su asesinato.
Con “El Evangelio según San Mateo”, Pasolini rompe con su trayectoria anterior que deja mucho por desear: era un reconocido ateo. Ya en 1963, un año antes de rodar la cinta católica, fue condenado a cuatro meses de cárcel por sus posiciones anticlericales en el film Ro.Go.Pa.G. al presentar el pasaje bíblico en una lectura marxista (consecuentemente con su ideología de izquierda). Y lo más sorprendente aún, fue que el propio Vaticano en el año 1999 declara a su producción como una de las mejores películas del siglo XX por su retrato de las escrituras y de la figura de Jesús.
La última película de Pasolini, antes de su inesperado asesinato, viene a superar el impacto de un personaje tan controversial. Con el título “Saló o los 120 días de Sodoma”, donde se traslada la acción de la clásica y provocativa novela del Marqués de Sade. Pasolini con ésta última da un giro enorme: deja atrás su inclinación por lo religioso y se centra en las humillaciones y torturas sexuales que por nada del mundo soportaría la Iglesia Católica. ¿Dónde quedaría aquel gesto en el que Pasolini dedica una rodaje al Papa Juan XXIII? ¿No será que sólo se valía de elementos tajantes para lograr impactar? ¿Cómo hizo incluso para que como militante comunista contara una historia religiosa?
Ya los los ataques al “Evangelio” de parte de los marxistas nos dejan ver a un director de cine rechazado no sólo por un grupo, sino por varios…

Conclusión
Pasolini definitivamente es un director que rechaza todo tipo de dogmatismos, sin embargo defiende su postura ante ciertos elementos revolucionarios que busquen el bien social, no importa de la corriente de la que provengan. Será rechazado por unos y criticado por otros, pero a pesar de ello logra atraer a una gran cantidad de espectadores haciéndoles ver que no sólo se trata de pertener a una u otra corriente, sino luchar por el cambio de esquemas y la movilidad.
Pasolini, con su película “El Evangelio de Mateo” no sólo manifiesta pensamiento, acude a los grandes clásicos de la pintura y los introyecta en el cine. Por otra parte hece de este film una verdadera expresión religiosa, de manera especial para aquellos católicos que gusten de ver algo fiel a las Sagradas Escrituras.


[1] Tomado de la página en Internet: http://www.filmaffinity.com/es/userreviews/3/178257.html
[2] Wolfgang EISENHUTH. El Evangelio según San Mateo. Una adaptación cinematográfica de Pier Paolo Pasolini. Univeristat Autònoma de Barcelona, Julio de 2008.
[3] Tomado de la página en Internet: http://www.filmaffinity.com/es/userreviews/3/178257.html
[4] Basado en el texto: http://cineparasentir.blogspot.com/
[5] Wolfgang EISENHUTH. El Evangelio según San Mateo. Una adaptación cinematográfica de Pier Paolo Pasolini. Univeristat Autònoma de Barcelona, Julio de 2008, Pág. 57.

domingo, 1 de noviembre de 2009

¿De dónde proviene el poder de las palabras?


Rafael Espino Guzmán

Supongamos por ejemplo que, viendo un barco en construcción, me aproximo a él y rompo una botella suspendida en el casco, y en voz alta proclamo: “Bautizo este barco con el nombre de José Stalin”. Y que, por estar completamente seguro de lo que he hecho, de un puntapié hago saltar las trabas que lo sujetan. Lo latoso es que yo no era la persona designada para proceder a ese bautismo…

J. L. Austín. Quand dire c est faire.

Siempre he pensado que el poder de las palabras se haya en las propias palabras, es decir, allí donde el poder no está: en efecto, la capacidad de ilocución, de las expresiones, no puede encontrarse nunca en las palabras mismas, ni en los preformativos.

El poder de las palabras sólo es el poder delegado del portavoz y sus palabras. Son sólo un testimonio, garantía de delegación del que ese portavoz está investido. Mucha razón tenía Austin y Habermas sobre tal cosa. Entiendo con ellos que la autoridad del lenguaje llega desde fuera. El lenguaje sólo representa esta autoridad, la manifiesta, la simboliza. El sacerdote, el maestro, toman potestad desde la posición que ocupan en un campo determinado.

A pesar de que en el uso del lenguaje se implica la manera y la materia del discurso, siempre depende de la posición social del interlocutor, obtenida por él mismo o dada por alguna institución superior.

Hace tan sólo dos días me encontraba en los corredores de una plaza. Platicaba entusiasta con una familia del lugar. Se trataba de cosas comunes, aparentemente simples, como aquellas que solemos hacer con alguien que nos es familiar. Nunca les comenté que era religioso –lo que muchos prefieren llamarle “seminarista” –.

Entre el diálogo que manteníamos me propuse expresar aquella adivinanza que en otros momentos ha obtenido gran aceptación y ha sido causa de risas. Lo más sorprendente es que no hubo alguna respuesta similar a la que me esperaba. No causó ninguna gracia para aquellos que me escuchaban.

Poco tiempo después, dado que el sacerdote de la parroquia me había concedido hablar a la asamblea –pues era el motivo por el que me encontraba en ese lugar–, acudí de nuevo a mi adivinanza. El público se sacudió a carcajadas, incluyendo aquellos que hacía sólo unos instantes habían sido partícipes del mismo discurso.

Me arrebató inmediatamente la idea aquella donde el portavoz delega todo el valor de lo que se expresa, poco importando el material y la estructura de lo dicho. Fue allí donde mi vaga idea se derrumbó y tomó valor el hecho en el que la persona es la fuente dadora de poder de nuestras palabras. “Las palabras conmueven…, los hechos arrasan…”, decía un amigo cercano…