sábado, 27 de noviembre de 2010

El poder de crear

Rafael Espino Guzmán
El mayor esfuerzo es el de la creación. El de la génesis: que es la formación del mundo, de la vida, del cielo, del agua, de la naturaleza… Todos estamos integrados a ese momento. Somos figuras que participamos de ese instante en que todo se está haciendo.

La génesis es el gran esfuerzo en lo particular de la vida cotidiana. Para poder crear, en todos los sentidos, se requiere de dar el mayor esfuerzo. Hay esfuerzos que están relacionados con lo material, pero los más valiosos son los esfuerzos que tienen que ver con la realización personal. Esos son los valores más significativos: los que implican un logro espiritual.

Yo aprendí esos valores desde pequeño. Y a pesar de que en momentos me parezcan inecesarios, son ellos los que reunen el motivo de continuar en este mundo.
Alguna vez me dijo mi abuelo muy sabiamente que «la vida es como el arcoiris»: comienza a aparecer poco a poco, se tiñe de mil colores en su momento de cúspide, pero una vez que comienza a cesar el poder de la naturaleza desaparece sin dejar rastro.

He aprendido en mi caminar que somos un sucinto de aprendizaje, un tapiz hecho de nuestras vivencias y de la manera como las absorbemos y abordamos. Pero ¿dónde aprendemos a hilar este rico y extenso tapiz? ¿Dónde, si no es en los brazos de nuestros padres? Es allí donde está nuestro primer aprendizaje: cómo amar, cómo recibir el amor, cómo enfrentar el desafío diario que es la vida. ¿Cómo se puede subestimar la importancia de los primeros brazos, los primeros encuentros humanos? De la calidad de los brazos paternos depende nuestra capacidad para siempre abrazar la vida.

Por eso hoy agradezco el don de crear, pero sobre todo, la gracia de haber sido creado...

domingo, 17 de octubre de 2010

México, ¿una nueva Babel?

El lenguaje en la construcción de una nueva democracia

Rafael Espino Guzmán

Los pasados días 21, 22 y 23 de septiembre se llevó a acabo un coloquio filosófico-teológico en homenaje a Edward Schillebeeckx, el teólogo dominico belga que se coloca como uno de los de mayor influjo en la segunda mitad del siglo XX. En el marco de las actividades se profundizó sobremanera en la importancia del lenguaje para la construcción de una democracia en México. Participaron grandes especialistas en el área teológica, filosófica, económica, periodística, política, etc., tales como Mauricio Beuchot, Miguel Ángel Granados Chapa, Carlos Mendoza A., Felipe González González, Alberto Anguiano G., entre otros. Todos ellos se enfocaron, desde diversas perspectivas, al problema de la democracia en México. Los argumentos principales se desarrollan a continuación.

El lenguaje es el primerísimo proyecto de mundo en que un hombre es educado y comienza conscientemente su vida. Del encuentro con el mundo el hombre obtiene expericias que, por propia naturaleza y dado el cúmulo de relaciones, están expuestas a los otros para su interpretación. Es allí donde se abre el espacio de ciencias como la filosofía del lenguaje o la semiótica –sin dejar de lado el resto de ciencias– que ayudan a resolver el problema de cómo plantear un lenguaje apto para el desarrollo pleno de la democracia en México. Como bien señalaba Mauricio Beuchot, es necesario partir de una hermenéutica analógica, aquella que evita las posibles polaridades de lo univocista y equivocista en relación a la verdad. Se trata de aquella actividad de diálogo que desvanece las barreras de lo diferente y apuesta por la comunicación que en nada empobrece ni hace indiferente una sociedad multicultural como es la mexicana.

El lenguaje, en su efecto ideológico-social, puede contagiar o «manipular», o bien, puede sufrir un uso reprimido. El rumbo de la democracia en México se juega en estas tres posibilidades. ¿Cuál optará el creyente, como hombre, en su propuesta de cambio? ¿Qué papel juegan los medios de comunicación y de información en esta dinámica? ¿Cuál es el lenguaje que operan los representantes sociales en México? Lo deseable es aquel lenguaje crítico, fundamentado, que alcance el manejo comunitario de la palabra.

La teología por su parte, y dado que el coloquio giraba en torno a un teólogo de nuestro tiempo, presupone también una comprensión de lo que es el lenguaje. Lo tiene como aquella expresión de la realidad que se experimenta. Pero en la experiencia de Dios el lenguaje se traduce a un meta-lenguaje, al enunciado del Enunciado. De allí que el lenguaje sea un medio esencial para la Revelación. Los teólogos como Carlos Mendoza y Ezequiel Castillo nos ayudaron a comprender este gatuperio, recalcando que la teología no pasa por encima de la lógica. Además subrayaron el hecho de dar un paso más allá del nivel teórico. Los dos convergían en su propuesta de que el teólogo, más que del manejo ideológico, debe arrojarse a la práxis, a las experiencias en referencia a Jesús, cuya inteligibilidad no se atiende de completo sin la actuación. Aparece así el lugar propio de las creencias en el ámbito político, sobre todo la católica: la religión en su papel purificador de la razón. Aquélla que ayuda a corregir, buscar y aplicar principios morales en la sociedad; es propiamente el diálogo entre fe y razón.

El teólogo, el creyente, el ciudadano en sí, no queda exento de su actuar en el presente fenómeno de la globalización. Y a pesar de que padece la eficacia de los medios de comunicación y otros talantes derivados del neoliberalismo, tiene derechos y obligaciones; tiene en sus manos la capacidad de decisión política-ética en el campo de las relaciones y reglamentos, en las instituciones, organismos sociales y pueblo en general.

La propuesta cristiana toma lugar y recobra su sentido en este panorama en el que se diluye la persona. El cristianismo encuentra un espacio para promover la reflexión sobre el concepto de hombre, su visión sobre la historia y la idea de Reino que da preferencia por los pobres. Es el momento en que puede reflejar su sensibilidad ante las situaciones anómalas de la organización social con el fin de construir una comunidad fundada en los valores de justicia, solidaridad, verdad y respeto por la dignidad humana.

La democracia entonces se alcanza con el diálogo y el común acuerdo entre los diversos grupos sociales. La sociedad se beneficia a sí cuando se preocupa por encontrar el logos, la palabra, el saber que enaltece en sí al hombre. Por ello, si cada individuo que conforma la Patria se involucrara directamente; si cada uno de los que conformamos México nos «ensuciamos las manos» en la búsqueda del bien común, lograremos renovar y humanizar la tierra.

La democracia en nuestro país se muestra lejana y reclama una gran responsabilidad por parte de los ciudadanos, pero a final de cuentas es posible.


Coloquio filosófico-teológico en homenaje a
Edward Schillebeeckx O.P. (1914-2009).
Del 21 al 23 de septiembre de 2010
Universidad Pontificia de México

viernes, 15 de octubre de 2010

Los créditos son para...


No es el crítico quien cuenta,
tampoco el hombre que señala,
ni los trompezones del hombre fuerte,
o mejor, los hechos o las hazañas.

Los créditos son para el hombre
que está realmente en la arena,
cuya cara está sucia
por el polvo, el sudor y la sangre;
quien se esfuerza con valentía;
quien se equivoca y empieza
una y otra vez;
quien conoce los grandes entusiasmos,
las grandes devociones,
y se compromete con una causa digna;

quien mejor conoce al final
el triunfo de un gran logro;
y quien peor lo conoce, si fracasa,
al menos ha hecho el intento.
Así que su lugar jamás estará
entre esas almas frías y tímidas
que nunca conocen la victoria ni la derrota.

(Theodore Roosevelt)

jueves, 16 de septiembre de 2010

Bicentenario de libertad en México


Rafael Espino G.

Sin duda alguna el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución son festividades que no podemos dejar pasar en la indiferencia. Los ciudadanos tenemos una responsabilidad ante la vida de nuestra nación y, por ende, nos exige el rescate de los valores más nobles de nuestra raza y, al mismo tiempo, el fortalecimiento de nuestras raíces.

No olvidamos la situación gravosa y el deterioro que sufrimos en el país. Un escenario que genera temores y desconciertos; una sociedad debilitada por la crisis de legalidad y la endeble moral que daña nuestra cultura. Todos vivimos urgidos de una revisión a fondo, de efectuar un autoanálisis de nuestra propia responsabilidad personal, familiar y social ante las circunstancias históricas que nos toca vivir.

Si deseamos una Patria mejor debemos construirla. Para ello urge el no dejarnos caer en la volubilidad y la indecisión que evitan acatar los desafíos y limitaciones de la nación, así como la apertura al compromiso ciudadano.
Los mexicanos somos un pueblo con historia, con una infinidad de tradiciones y bagaje cultural. Sin embargo el individualismo creciente y la globalización cultural nos amenazan con el olvido de la historia común que compartimos, proponiéndonos un cambio de valores que confunden nuestra propia identidad.

Si queremos una Patria mejor debemos construirla. Tenemos que ofrecer algo para enderezar el rumbo. Juntos y unidos podemos seguir construyendo lo que es de todos.

Evitemos toda clase de actitudes que dañen nuestra propia dignidad humana. Apostemos por el respeto, la comprensión, la unidad y la colaboración solidaria para que alcancemos un justo desarrollo y superación en el bien común.