sábado, 12 de diciembre de 2009

El Evangelio según San Mateo


El Evangelio según San Mateo
Pier Paolo Pasolini
(Bologna, Italia,
1922 – Ostia, Italia, 1975)


Por: Rafael Espino Guzmán


Título original: Il Vangelio secondo Matteo
Director: Pier Paolo Pasolini
Productor: Alfredo Bini
Música: Luis Enrique Bacalov y
Carlo Rustichell
Reparto: Enrique Irazoqui, Susana Pasolini,
Margherista Caruso, Mario Socrate.
País: Italia.
Duración: 137 minutos.
Color: blanco y negro
Género: drama


El autor
Escritor y realizador cinematográfico. Doctor en letras, escribió poesía, novela, ensayo y obra filológica. Se inició en el mundo del cine trabajando como guionista para Mario Soldati.
En sus primeras películas está influido por el neorrealismo. Afiliado al partido comunista desde 1942, del que es expulsado por su homosexualidad. Siguió su propio camino, sin renunciar nunca a l marxismo.
En 1963 rueda el episodio “La Ricotta”, donde por primera vez trata el tema religioso como cineasta. La segunda etapa de Pasolinivine marcada por dos filmespolémicos fundamentales para su obra: “El Evangelio según San Mateo” (1964) y “Pajaritos y pajarracos” (1965) que expresan el pensamiento del director sobre el marxismo, el catolicismo y sus fantasmas personales.
En el siguiente periodo Pasolini se centra de un lado en el análisis de los mitos de la cultura occidental en los filmes “Edipo Rey” (1967) y “Medea” (1969), protagonizada por María Callas y de la sociedad actual en “Teorema” (1968) y “Pocilga” (1969).
Entre 1971-1974 dirige “El Decamerón”, “Los cuentos de Canterbury” y “Las Mil y Una Noches” de un estilo barroco y de gran belleza donde glorifica al placer y la sexualidad.
Su último filme “Saló a los 120 días de Sodoma”, el más controvertido, es una adaptación del relato de Sade, donde se relaciona el fascismo con el sadismo y fue prohibido en algunos países, pero Pasolini no llegó a verlo estrenado pues fue asesinado en la playa de Ostia, cerca de Roma, en noviembre de 1975.

La película
La acción tiene lugar en los años 0 a 2 y 30 a 33 D.de C. aproximadamente, en Belén, Egipto, Nazaret, lago Tiberíades, Jerusalén y alrededores. Se transcriben hechos y palabras de Jesús de Nazaret, según la versión de San Mateo, comprimida y ajustada a un metraje de unas 2 horas aproximadamente.
Es el tercer largo realizado por Pier Paolo Pasolini, basado en el evangelio de San Mateo. Se rodó en exteriores de la región de Basilicata (Potenza y Matera), el volcán Etna (Sicilia) y Viterbo (Lacio) y en los estudios Incir de Paolis (Roma), entre abril y julio de 1964. Nominado a 3 Oscar, obtuivo el Premio Especial de Jurado de Venecia. Se produjo por Alfredo Bini y se estrenó el 04 de septiembre de 1964 en Italia[1].
Tal película explica una historia dramática. Narrada de manera artesanal, imperfecta y sencilla, pero logra dar un grato sabor de autenticidad y espontaneidad.

Aspectos técnicos de la cinta
Personajes: eso es algo muy caracterítico del rodaje, ya que se utilizan actores muy cercanos al Director, tales como su propia madre que interpreta a la anciana Virgen María, o bien la participación de algunos amigos poetas e intelectuales de Pasolini en los roles de los discípulos.
Lo que más dificultad le causó fue encontrar al que representara a Cristo. Buscaba a alguien enérgico, autoritario, obrerista y revolucionario, que fuera fiel al texto de Mateo. Lo encontró por casualidad en un estudiante catalán de 19 años, Enrique Irazoqui, que buscaba entrevistar al cineasta por su libro “Ragazzi di vita”.
Los actores no son profesionales en su mayoría. Sin embargo la expresividad de María y José demuestran la poesía de Pasolini: no hacían falta palabras ni música. Ellos dos nos introducen a la emoción y nos transportan a la vivencia realista de los hechos.
Por parte del protagonista se destaca su ausencia de ajustes a lo tradicional. No usa cabellera larga como las tradicionales, usa cabellos cortos y es de complexión simple en contradicción con las formas atléticas al uso. No habla con el tono de un predicador religioso, sino con la fuerza y el vigor propios de un líder obrerista, ni se muestra altanero.

La fotografía: sería un tema a tratar con especial estudio: así como en otras películas de Pasolini, en el “Evangelio según San Mateo” hay una cierta inspiración en la pintura del siglo XV. Su búsqueda por filmar realismo popular le conduce a tomar elementos de las pinturas del Greco, de Piero della Francesca y en los cuadros bizantinos…
Las principales características que ofrece el film son los primeros planos, primerísimos planos, planos generales de lejanía, encuadres sencillos y barridos descriptivos.Siempre tratando de subrayar la aridez del paisaje, la soledad del personaje, las expresiones tanto despóticas y autoritarias de Herodes o las agraciadas sonrisas de los niños que festejan alrededor de Jesús.

Movimientos de cámara: Muestra detalles, hace movimientos que conducen al sentido de espontaneidad y sobre todo evita el uso del zoom. Las contrapicadas las utiliza para dar realce a la figura de Jesús, de manera especial cuando se encuentra en el monte de las vianaventuranzas: evita tomar en cuenta el público que le escucha y se enfoca a destacar la preponderancia de sus palabras. El uso de las tomas en picada se utilizan para lannzar el mensaje a la muchedumbre y las contrapicadas para proporcionar sentimiento de recepción por parte de quien escucha el mensaje.
Por otra parte utiliza ciertos giros bruscos que dan originalidad y subjetivismo a la película. Los barridos normalmente son en función descriptiva. La mayoría de las figuras aparecen enteras o representadas como medias figuras. El uso de la cámara responde sobre todo a la idea de presentar imágenes que reflejan inspiración en la pintura. “La película en blanco y negro transcurre intercalando estos elementos de manera constante, buscando la plena implicación del espectador”[2].
Usa los travelling para mostrar una panorámica lenta para evitar los signos de la lengua o de la música.

Música: la música es coordinada por C. Rusticelli y L.E. Bacalov. Incluye fragmentos de Bach (“Pasión según S. Mateo”, “Agnus Dei”, 2 conciertos), Prokofiev (“Cantata de Alexander Nevski”), el “Gloria” de la Misa Luba y el espiritual negro “Sometimes I Feel Like Motherless Child”[3], entre otras menos significativas.
La manera de compaginar la ausencia de sonido con el uso de música es escepcional. Primero porque la música la utiliza en momentos muy precisos, allí donde el ambiente exige una melodía para acompañar el suceso. Por otro lado, la ausencia de música es con verdadero motivo, recordemos el inicio de la película –cuando José se aleja triste por la notica del embarazo de María–, no se recurre a ningún fondo, ni a diálogo siquiera. La imagen se encarga de representar el hecho y lo hace de mejor manera con la ausencia de música y sonido, logrando en el expectador el sentimiento de soledad y abandono que se requiere, incluyendo el valor que que se ocupa para introyectar en la película.

El tema central del film
La película trata de una adaptación sobre el Evangelio de Mateo que contiene la Biblia. “Pasolini pretende la figura de un Cristo popular y resistente, con un discurso sin melancolías: ataca a todo aquel que intente ponérsele en el camino de su misión, más como hombre que como una entidad divina”[4].
La intención del director es adaptar el Evangelio para el pueblo, entendido como clase social. Se parte de un contexto y pensamiento del director, marcado por aspectos de comunismo y homosexualidad, que le conducen a cierto revolucionismo, ya sea tanto en el aspecto personal como social.
En el papel de Jesús no se busca representar a un martir, como en la mayoría de las películas de este tipo; se quiere transmitir un mensaje sin importar las consecuencias. Los duros debates de Jesús con el Sanedrín dibujan una personalidad fuerte, llamada a ser el portavoz de la salvación de los hombres. Es un líder que no necesita de la majestuosidad de sus milagros ni de la aprobación del prójimo. Necesita que su mensaje sea escuchado y tomado como la única verdad. Manifiesta una desobediencia civil y revolucionaria.
Se trata de un juego entre lo sacro y lo revolucionario. Aquello que una y otra vez vemos acontecer en la realidad, lo que muchas sociedades padecen a lo largo del devenir histórico. Ya lo decía el mismo Pasolini: “Yo solamente sé esto, que estaba desesperado por la necesidad de ser sincero… en la necesidad de referirme a la actualidad”[5]… El director expresa en la cinta su visión de la historia. No una perspectiva en retroceso sino una demostración de lo ocurrido en el pasado desde un punto de vista actual. Representa el mundo rural del sur de Italia con un mundo pastoral y agrícola feudal de los hebreos; los policías o sistemas represivos del gobierno italiano y otros países más con los soldados romanos durante la predicación de Jesús; las hordas fascistas con los soldados de Herodes antes del exterminio de los santos inocentes; y los prófugos de tantos dramas del mundo moderno con la huída de José y la Virgen.
Es la necesidad de ver el Evangelio con ojos de la actualidad y ser fiel al mismo tiempo al texto original y la figura de Jesús. El director busca sobre todo mostrarnos un mundo análogo.


¿Cómo es que un ateo, marxista y homosexual ruede una película católica?
Aunque nos parezca extraño, Pasolini tenía estas tres características. Se sabe incluso que su opción y posicón homosexual le causó que le despidieran de los grupos comunistas y que, según se piensa, fuera una posible causa de su asesinato.
Con “El Evangelio según San Mateo”, Pasolini rompe con su trayectoria anterior que deja mucho por desear: era un reconocido ateo. Ya en 1963, un año antes de rodar la cinta católica, fue condenado a cuatro meses de cárcel por sus posiciones anticlericales en el film Ro.Go.Pa.G. al presentar el pasaje bíblico en una lectura marxista (consecuentemente con su ideología de izquierda). Y lo más sorprendente aún, fue que el propio Vaticano en el año 1999 declara a su producción como una de las mejores películas del siglo XX por su retrato de las escrituras y de la figura de Jesús.
La última película de Pasolini, antes de su inesperado asesinato, viene a superar el impacto de un personaje tan controversial. Con el título “Saló o los 120 días de Sodoma”, donde se traslada la acción de la clásica y provocativa novela del Marqués de Sade. Pasolini con ésta última da un giro enorme: deja atrás su inclinación por lo religioso y se centra en las humillaciones y torturas sexuales que por nada del mundo soportaría la Iglesia Católica. ¿Dónde quedaría aquel gesto en el que Pasolini dedica una rodaje al Papa Juan XXIII? ¿No será que sólo se valía de elementos tajantes para lograr impactar? ¿Cómo hizo incluso para que como militante comunista contara una historia religiosa?
Ya los los ataques al “Evangelio” de parte de los marxistas nos dejan ver a un director de cine rechazado no sólo por un grupo, sino por varios…

Conclusión
Pasolini definitivamente es un director que rechaza todo tipo de dogmatismos, sin embargo defiende su postura ante ciertos elementos revolucionarios que busquen el bien social, no importa de la corriente de la que provengan. Será rechazado por unos y criticado por otros, pero a pesar de ello logra atraer a una gran cantidad de espectadores haciéndoles ver que no sólo se trata de pertener a una u otra corriente, sino luchar por el cambio de esquemas y la movilidad.
Pasolini, con su película “El Evangelio de Mateo” no sólo manifiesta pensamiento, acude a los grandes clásicos de la pintura y los introyecta en el cine. Por otra parte hece de este film una verdadera expresión religiosa, de manera especial para aquellos católicos que gusten de ver algo fiel a las Sagradas Escrituras.


[1] Tomado de la página en Internet: http://www.filmaffinity.com/es/userreviews/3/178257.html
[2] Wolfgang EISENHUTH. El Evangelio según San Mateo. Una adaptación cinematográfica de Pier Paolo Pasolini. Univeristat Autònoma de Barcelona, Julio de 2008.
[3] Tomado de la página en Internet: http://www.filmaffinity.com/es/userreviews/3/178257.html
[4] Basado en el texto: http://cineparasentir.blogspot.com/
[5] Wolfgang EISENHUTH. El Evangelio según San Mateo. Una adaptación cinematográfica de Pier Paolo Pasolini. Univeristat Autònoma de Barcelona, Julio de 2008, Pág. 57.

domingo, 1 de noviembre de 2009

¿De dónde proviene el poder de las palabras?


Rafael Espino Guzmán

Supongamos por ejemplo que, viendo un barco en construcción, me aproximo a él y rompo una botella suspendida en el casco, y en voz alta proclamo: “Bautizo este barco con el nombre de José Stalin”. Y que, por estar completamente seguro de lo que he hecho, de un puntapié hago saltar las trabas que lo sujetan. Lo latoso es que yo no era la persona designada para proceder a ese bautismo…

J. L. Austín. Quand dire c est faire.

Siempre he pensado que el poder de las palabras se haya en las propias palabras, es decir, allí donde el poder no está: en efecto, la capacidad de ilocución, de las expresiones, no puede encontrarse nunca en las palabras mismas, ni en los preformativos.

El poder de las palabras sólo es el poder delegado del portavoz y sus palabras. Son sólo un testimonio, garantía de delegación del que ese portavoz está investido. Mucha razón tenía Austin y Habermas sobre tal cosa. Entiendo con ellos que la autoridad del lenguaje llega desde fuera. El lenguaje sólo representa esta autoridad, la manifiesta, la simboliza. El sacerdote, el maestro, toman potestad desde la posición que ocupan en un campo determinado.

A pesar de que en el uso del lenguaje se implica la manera y la materia del discurso, siempre depende de la posición social del interlocutor, obtenida por él mismo o dada por alguna institución superior.

Hace tan sólo dos días me encontraba en los corredores de una plaza. Platicaba entusiasta con una familia del lugar. Se trataba de cosas comunes, aparentemente simples, como aquellas que solemos hacer con alguien que nos es familiar. Nunca les comenté que era religioso –lo que muchos prefieren llamarle “seminarista” –.

Entre el diálogo que manteníamos me propuse expresar aquella adivinanza que en otros momentos ha obtenido gran aceptación y ha sido causa de risas. Lo más sorprendente es que no hubo alguna respuesta similar a la que me esperaba. No causó ninguna gracia para aquellos que me escuchaban.

Poco tiempo después, dado que el sacerdote de la parroquia me había concedido hablar a la asamblea –pues era el motivo por el que me encontraba en ese lugar–, acudí de nuevo a mi adivinanza. El público se sacudió a carcajadas, incluyendo aquellos que hacía sólo unos instantes habían sido partícipes del mismo discurso.

Me arrebató inmediatamente la idea aquella donde el portavoz delega todo el valor de lo que se expresa, poco importando el material y la estructura de lo dicho. Fue allí donde mi vaga idea se derrumbó y tomó valor el hecho en el que la persona es la fuente dadora de poder de nuestras palabras. “Las palabras conmueven…, los hechos arrasan…”, decía un amigo cercano…

jueves, 29 de octubre de 2009

John Locke

Un pensamiento cierto en cierto contexto

Rafael Espino Guzmán

Introducción
La mayoría de conceptos políticos fundamentales han sido objetos de profundas y largas discusiones. En el pensamiento político contemporáneo estas discusiones han dado origen a teorías diferentes. Por ello es de suma importancia considerar el ambiente en que se desarrolla todo pensamiento, pues no es posible embonar cosas de distintas procedencias. Esto puede ser causa de muchos errores que la historia considera imperdonables.

El propósito de este ensayo es doble: por una parte recordar la atmósfera histórica de John Locke y segundo mostrar que su pensamiento estuvo influenciado por un contexto muy característico.

Un hombre bajo la preponderancia de una monarquía absoluta
Wrington Inglaterra 1632[1]. Nace un hombre que vive bajo los efectos de una preponderancia de la monarquía absoluta. Un ambiente semejante que me recuerda al de aquella película que muestra la vida de dos muchachas envueltas en el mundo peligroso y excitante de la vida cortesana: “La otra reina” de Justin Chadwick. Allí donde el poder ya no viene de Dios como en la Edad Media sino que el pueblo lo confiere al monarca que asume el mando. Los movimientos de la Reforma y Contrarreforma que dividen religiosamente a toda Europa. Una Inglaterra también dividida por el autoritarismo de Enrique VIII que asume la presidencia de Estado y religión. Allí donde el espíritu crítico admite la razón y la experiencia como las dos únicas vías de conocimiento; donde triunfa la nueva ciencia, la autonomía del saber racional, el triunfo de las ciencias experimentales que abarcan el nacimiento de la Revolución Industrial; donde se da la primacía del hombre y sus derechos (libertad e igualdad). El nuevo mundo en el que las universidades comienzan a manifestar su descontento de estar sometidas al poder eclesiástico tanto católico como protestante.

Occidente se halla en una edad de revoluciones (industrial, social, política). Hay una creciente participación de los gobiernos en la ayuda a la educación, se reemplaza las creencias convencionales con posibilidades incitantes de desarrollo futuro. Se promueven varias reformas pero sin demasiado éxito por la oposición del clero, de la nobleza y de los propios destinatarios.

Allí aparece John Locke, hijo de un abogado calvinista con buena situación económica, dependiente de una familia parlamentaria. Futuro estudiante en la Universidad de Oxford, que opta por el estudio de la medicina al verse distante del estudio de carreras clericalistas de aquellos tiempos. Esto último lo conduce a realizar un hecho fortuito que cambiaría completamente el curso de su existencia. En 1666, el terrible año del incendio de Londres y la plaga, Locke conoce casualmente a Lord Ashley, figura política clave en la corte de Carlos II, que posteriormente sería conocido como el primer Earl de Shaftesbury. El noble inglés, a causa de una hazaña científica de su doctor Locke lo nombra Fellow de la Royal Society. Comienza una nueva etapa para el pensador que dejaría grandes secuelas en las ideologías futuras, de especial modo en la filosofía política…

Bajo este contexto se entiende con claridad su escrito “Sobre la tolerancia”: el autor se atreve a defender políticamente el derecho a disentir en materias religiosas que se ven llenas de confusiones. Un giro importante desde una posición bastante conservadora en asuntos religiosos en aquel entonces. Locke argumenta que el deber cristiano es corregir desviaciones e imponer la uniformidad religiosa, si es necesario mediante el uso de las armas. Locke concluye que la tolerancia es impracticable, y que en definitiva sólo conduciría a la guerra civil. Los tiempos difíciles se mostraban para aquellos que no comulgaban con las creencias anglicanas. “El estado de naturaleza toma vigor en el sentido de sus dos características básicas: libertad perfecta e igualdad. Respecto de la primera afirmaba que teníamos la libertad perfecta para ordenar nuestros actos y para disponer de nuestras propiedades y de personas como mejor nos parezca, dentro de los límites de la ley de la naturaleza sin pedir permiso o depender de la voluntad de cualquier otro hombre”[2]. Esto contrariaba el pensamiento del poder, pero de cierta manera legitimizaba el uso libre de propiedades de aquellos que las tenían.

Esta era la turbulenta atmósfera que rodeaba a Locke. Era el regreso a las guerras religiosas, a las ya conocidas y terribles consecuencias del dogmatismo llevado al fanatismo extremo. El problema de la tolerancia entre las diferentes iglesias, y de la relación entre el Estado y la Iglesia en asuntos de libertad religiosa.

“Locke decía que nadie dañara a otros en su vida, salud, libertad o posesiones. Y si por alguna razón se llegara a transgredir este privilegio, para ello estaría el Estado, la ley para velar por que se cumplan el orden. Es aquí donde radica la justificación de la restricción de la libertad individual, entendida como el poder de gobernarse a sí mismos y el poder de ejecutar la ley de la naturaleza, a cambio de la seguridad. La primera implica una renuncia parcial y de transformación y la segunda es la delegación total en efecto”[3]. Separa todo un pensamiento de acuerdo a los poderes que había logrado la unión del poder de Estado y la Iglesia…

“Buscaba lograr otro tipo de libertad (oponiéndose a las opresiones del poder): aquella en la que los hombres del estado civil la logran de forma positiva, colectiva y pública de gobernarse a través de leyes consensualmente aceptadas, y de forma negativa en la que cada uno de ellos no está sometido a ninguna otra ley o voluntad que la legítimamente establecida”[4].

Dios nunca había dado superioridad a algunos hombres sobre otros, el poder político es un derecho a hacer leyes, es naturaleza de los hombres por ser iguales e independientes… “sólo se puede acudir al designio providencial si no tenemos la confianza general, el pacto y el pueblo; cuando los virtuosos no confíen en la coincidencia de su propio juicio”[5]… un pensamiento cierto en un cierto contexto.

Bibliografía:
MONTES L., Leonidas. 2004, De la tolerancia, su contexto y una posible relación con el “nombre general” de propiedad en John Locke, Chile: Universidad Adolfo Ibáñez, Revista de Ciencia Política, Vol. XXIV, No. 2, págs. 142-158.
VÁRNAGY, Tomás. El pensamiento político de John Locke y el surgimiento del liberalismo en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/moderna/cap2.pdf.
GUTIERRES CASTAÑEDA, Griselda. 1995, Diálogos sobre Filosofía Política, México: UNAM, Pp. 180.
DUSO, Giuseppe. 2005, El poder, México: Siglo XXI, Pp. 404.

[1] Para este parágrafo, en lo que se refiere a datos históricos, se utilizan las siguientes fuentes: MONTES L., Leonidas. 2004, De la tolerancia, su contexto y una posible relación con el “nombre general” de propiedad en John Locke, Chile: Universidad Adolfo Ibáñez, Revista de Ciencia Política, Vol. XXIV, No. 2, págs. 142-158; VÁRNAGY, Tomás. El pensamiento político de John Locke y el surgimiento del liberalismo en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/moderna/cap2.pdf.
[2] GUTIERRES CASTAÑEDA, Griselda. 1995, Diálogos sobre Filosofía Política, México: UNAM, Pág. 72.
[3] Ibidem, pág. 77.
[4] DUSO, Giuseppe. 2005, El poder, México: Siglo XXI, Pág. 129.
[5] Ibidem, pág. 139.

martes, 13 de octubre de 2009

El Guajolote

El ave señorial de la navidad
(Una aportación de México al mundo)




Rafael Espino Guzmán



Una de las épocas del año en que nuestra cultura nos orienta hacia lo más tradicional en el terreno de los alimentos es la Navidad. Entre los platillos que más se acostumbran tanto para la cena de Nochebuena como para el Año Nuevo está el pavo. Los mexicanos lo conocemos de manera general con el nombre de guajolote, aunque existen también otras formas de nombrarlo, según sea el lugar, como por ejemplo en la zona norte del país como Durango, Chihuahua y Aguscalientes se le llama cócono; huilo en el estado de Hidalgo y alrededores; pípila en la zona del bajío, o totol en zonas del centro y sur del país.

Historia
Su nombre proviene del vocablo Huéxolotl, del cual resultan dos significados posibles: el primero se refiere a huey (grande) y xólotl que se refiere a bufón, payaso o chistoso, literalmente significaría “ave chistosa”.

Según investigaciones arqueozoológicas del siglo XVI, en México antiguo se domesticaron diversos animales debido a la extinción de algunas especies. Los hombres de aquellos tiempos cambiaron los patrones de subsistencia y dependieron más de las plantas y de la fauna restante. En el valle de Tehuacán, en el 3200 a.C., aparecieron los primeros registros de domesticación de perros, y en el 180 d.C., los del guajolote. Otros datos afirman que la cultura maya fue la primera en domesticar al guajolote salvaje, casi dos mil años antes de los aztecas.

Los antiguos mexicas consideraban al pavo como alimento ceremonial por excelencia. Sacrificar el guajolote al dios Chalchiuhtotolin lo convertía en alimento divino; era alimento que nutría no sólo el cuerpo, también el espíritu y el alma. Se le reconocía además por su carácter real y noble que lo colocaba como el ave señorial del patio de los palacios.

Los españoles durante la Conquista no lo llamaban guajolote sino gallina. Lo asemejaban con el pavón, ave grande, de la familia de las gallináceas:

“…Las gallinas de estas tierras y los gallos se llaman totolin. Son aves domésticas conocidas, tienen una cola redonda y plumas en las alas, aunque no vuelan; son la mejor de las carnes de todas las aves; comen maíz mojado cuando pequeñas, y también bledos cocidos y molidos y otras yerbas; ponen huevos y sacan pollos. Son de diversos colores, unos blancos, otros rojos, otros negros y otros pardos; los machos se llaman huéxolotl y tienen gran papada y gran pechuga, tienen grandes pescuesos y unos corales coloridos; la cabeza la tienen azul, en especial cuando se enojan, son cejuntos (cejijuntos); tienen un pico de carne que les cuelga sobre el pico… la gallina hembra es menor que el gallo, es bajuela, tiene corales en la cabeza y en la garganta. Es muy sabrosa su carne; es corpulenta, y sus pollos mételos debajo de sus alas, y da a sus hijuelos de comer buscándoles gusanillos y otras cosas…”.

Así fue la primera descripción del guajolote en el Nuevo Mundo, realizada por el siempre venerable fraile Bernardino de Sahún en 1527, en su Historia General de las Cosas de la Nueva España (Libro XIII).

Hay investigadores que afirman que el pavo llegó a España con Don Vasco de Quiroga en 1498, en tanto que otros aseguran que fue Pedro Núñez quien lo llevó a Galicia en 1499. A principios del siglo XVI, los misioneros jesuitas fueron los primeros en dedicarse a su crianza en una granja de Bourges. Por su parte, los estadounidenses pensaron que el origen de este animal era Turquía, por eso lo llamaron turkey.

El guajolote hoy
El pavo o el guajolote es un orgullo de México y de América, y es también un regalo para el mundo. Año con año es el platillo central en la celebración de Navidad de muchas familias, dado que es seleccionado, criado y producido para la festividad.

Se consume actualmente tal y como se hacía hace cientos de años, ya que es un animal muy valorado por la calidad de su carne. Se le aprovecha además el huevo y con sus plumas se hacen útiles plumeros.
Hay infinidad de recetas para prepararlo, pero sin duda la más suculenta es una mexicana. Es la receta del “Mole poblano de guajolote”. Esta delicia de platillo nació en el convento de las monjas dominicas de Santa Rosa, en la ciudad de Puebla. Es un platillo con muchos ingredientes, en donde se combina lo dulce con lo salado, el chile con el chocolate. Una verdadera delicia culinaria de fama internacional